sábado, 12 de diciembre de 2009

The History. Parte 10

Toque el portero de ese lujoso edificio… Atendió… con una voz media ronca… como cuando estás durmiendo y te interrumpen el sueño…
-¿¡Quién es!?- lo escuché decir por el portero electrico, con tono alterado.
-Emm… yo… Florencia…- dije, sin saber donde meterme.
Se quedó unos segundos en silencio… no sé si era que no se acordaba de mi, o el hecho de que no sabía como cortarme por el portero.
-Ahhh si… pasá, pasá… ahora te abro- dijo, exaltado...
Antes de contestar… pensé, de nuevo… aunque eso me tomaba mucho tiempo y además, me ponía a reflexionar en los momentos menos indicados… pero… entendí sus intenciones… después de todo… no iba a querer que yo suba para charlar… ¿Realmente iba a subir solamente para eso?
-Eh… en realidad… yo pensé que podíamos no sé… que me podías mostrar un poco Manchester…- respondí… tratando de ser lo más cordial posible…
-Ah, si… también podría ser- dijo, mucho más desanimado.-A ver… esperá que me pongo una campera y bajo…- continuó.
Esperé sentada en una parte del cantero… encendiendo un cigarrillo. Bajó por las escaleras rápidamente, haciéndose el “joven” con la diferencia que a él le quedaba bien… no como a Damon.
-¿Fumás?- me preguntó, con mirada de padre sobre protector.
Un momento… ¿Yo estaba fumando? Pero… si nunca fumo…
-A veces- respondí, haciéndome la “adulta” Irónico… el quería ser joven, y yo no.-Bueno… ¿A dónde me vas a llevar?- le dije, apagando el cigarrillo con el taco.
Arqueó una ceja y puso esa mirada que ponen los hombres cuando van a decir algo desubicado.
-A donde quieras- dijo, por fin.
Ah, era como si conociera mis intenciones… en realidad, los dos teníamos las mismas intenciones… pero… no era el momento.
Nuevamente volvimos a caminar por el barrio, a tal punto que realmente sospeché que no tenía un lujoso auto como yo sospechaba, o quizás… ni siquiera tenía auto.
Por fin llegamos…
-A ver… Tapate los ojos- me dijo, cuando faltaba una cuadra para llegar aquel lugar.
Obedecí, me condujo hasta la puerta...
-Ya está… tatataaa- continuó -¿Y? ¿Qué te parece?- me preguntó, entusiasmado.
-Ehh bueno…- por un momento me quedé vacilando… pero respondí pronto –Me encanta- mentí de nuevo. En realidad era uno de esos restaurantes donde sirven simplemente comida frita, donde paran los camioneros, donde van las chicas de la calle… pero bueno, era mejor que estar en el hotel escuchando lo que pasaba entre ayelén y Damon o de estar en la habitación de Jamie, inventando millones de excusas para no llegar a eso.
Nos sentamos en una mesa del fondo… donde una chica voluptuosa y con vestimenta algo reveladora, nos tomó el pedido. En realidad, yo esperaba otra cosa, pero ahora me encontraba ahí… en un restaurante bizarro, comiendo comida chatarra con Jamie Hewlett. Me habló de su adolescencia en aquel bar, donde iba regularmente cuando viajaba a Manchester, de su familia y contó cosas graciosas… Era extraño, el Jamie que yo creía conocer se transformaba totalmente cuando estaba al lado de Apio Man (Damon Albarn) fingiendo ser alguien que realmente no era.
En realidad, él era del tipo de sujetos “graciosos” en una fiesta, y eso me encantaba. Es más, fue uno de los primeros en subirse a cantar al karaoke del bar de mala muerte… era tan divertido y tierno verlo cuando se reía. Porque tenía una sonrisa perfecta… sus dientes todos emparejados… sin una imperfección… bueno… quizás si, pero por lo menos no le faltaba un diente (¿)
Cuando el karaoke terminó, y ya se comenzaban apagar las luces de aquel bar, Jamie pagó la cuenta y nos fuimos, caminando nuevamente .
Cuando volvimos a la puerta de mi hotel, me dijo que los días en Manchester para él y Damon, se habían acabado, ya que volverían a Londres mañana en la tarde.
Se volvió a despedir con un beso en la mejilla. Era algo realmente molesto, esa última noche había sido prácticamente para nada… hubiera tenido la cortesía de avisarme que esa sería la última vez que nos íbamos a ver… en ese caso, si ameritaba tener un encuentro… Pero… no todo estaba perdido. Cuando creí que ese era el fin me quedé mirando como se alejaba… y quizás nunca más volvería… finalmente, me di vuelta… tratando de dejar toda esa extrañas 2 semanas que habían concurrido atrás. Pero, alguien agarró mi brazo. Era él, me miró por unos segundos y finalmente me besó. No fue uno de esos besos perfectos de película… pero de algún modo… era perfecto a su manera… fue inexplicable… casi pasional, si esta palabra puede utilizarse para describirlo, sería la palabra perfecta. Después de varios besos en el amanecer de Manchester, nos despedimos.
Subí a mi cuarto como volando en el aire… Ayelén también estaba muy contenta, demasiado extraño en ella.
-¿¡Se puede saber donde estuviste toda esta noche!? ¡Estuve muy preocupada!- me exclamó, con tono maternal… ¿A quién intentaba engañar? Ella no sabía lo que yo había escuchado aquella madrugada.
-Por ahí… no quería interrumpir nada- dije, jactándome de mis logros como detective (¿)
Me miró sorprendida…
-¿Cómo? ¿cuánto tiempo te quedaste? ¿Escuchaste todo? Ohh dios… no se puede tener intimidad…- dijo, moviéndose de un lado para otro, como nerviosa y enojada.
-¿Qué? ¿Cómo que? Ay, que asco…- dije, con un gesto de repulsión… -No, no me digas nada, mejor no quiero saber… bueno, capaz que más adelante… pero ahora no- dije, sentándome en la cama.

Flor® (All Right Reserved)

The History. Parte 9

Ya me imaginaba como sería la situación. Ayelén dice algo estúpido, ellos se le ríen en la cara… y entonces nos vamos de ese lugar para no regresar más (¿) al menos que bueno… haya posibilidades de otra noche…
El caso fue que ella no sacó su costado bruto como yo esperaba, ni siquiera vomitó… que sería lo más apropiado para una situación así. Es más, dijo un chiste estilo “Humor inglés” ellos dos rieron y de a poco la integraron a sus conversaciones. Esto no era como lo había planeado, ahora resulta que ayelén era la atracción del estudio… pero, por favor… minutos antes hubiera estado en una comisaría de por ahí, sino fuera por mí ¿Y es que nadie reconoce mis logros? Después de todo, yo fui la que me acosté con Jamie… quien ahora estaba, prácticamente… ignorándome.
Ya se reían prácticamente de cualquier cosa que decía la tarada… es decir… ayelén… que, para estas instancias… estaba casi “intima” con Damon y Jamie… ¿¡Acaso esto es el reino del revés!? Ahora faltaba que aparezca Liam y se meta también en la conversación.
Hablaban acerca de Londres, Damon contaba su infancia en Colchester, Jamie acotaba de sus viajes, Ayelén hablaba sobre el Big Ben… Por un momento, sentí que después de todo, para algo hubiera servido prestar atención a las clases de historia.
Yo miraba todo ese festín similar a los monos en las etapas de cortejo, desde un rincón… ellos estaban comiendo papas fritas (ja, enseguida Damon largó el apio) y creo que también tomaban cervezas, en realidad, mi mirada se concentraba en Jamie… Claro, claro… según lo que me acuerdo de la noche pasada era un caballero conmigo… y ahora... yo ni existía para él… Se acabó… quería irme a casa… u.u
De a poco me fui acercando a esa conversación… y acoté algo, si ayelén era graciosa ¿Por qué yo no?
-¿Así que Tony Blair quiere hacer un aumento de impuestos?- dije, tratando de interesarme en el tema, y poniendo cara de preocupada.
Todos se quedaron callados, inclusive ayelén.
-Eh… Tony Blair hace 2 años que no es Primer Ministro- dijo Damon, mirándome con cara de “¡que ignorante!”.
-Em… bueno si… pero en algún punto dicen que el nuevo primer ministro, está involucrado con Tony Blair- acotó ayelén, tratando de salvarme de un naufragio…
-Jajaja cierto- respondió Jamie… y los tres volvieron a hundirse en una conversación sobre recortes de impuestos y primeres ministros (¿)
Perfecto… inevitablemente a nadie le iba a importar si me iba o me quedaba. Así que sin que nadie lo notara, tomé mi cartera, mi gabardina y me fui de ese lugar. Antes de atravesar la puerta, me quedé unos segundos mirándolos… dando pie a que alguien diga “¿Ya te vas?” pero no… ellos estaban demasiado entusiasmados… y creo que ya era la 2da ronda de cerveza.
Sin más, cerré la puerta cuidadosamente y caminé buscando la salida de ese maldito edificio. Después de 10 minutos lo admití, estaba perdida en ese lugar, y no podia salir.
Caminé unos segundos en círculos, como los de la bruja de Blair… ya estaba realmente asustada… empezaron apagarse las luces… y… ¿Era mi presentimiento o había una sombra arriba de mi cabeza?
-Ahhhhhhh- grité, espantada.
-Ey… ¿Por qué te fuiste?- me dijo Jamie, apoyándose en la baranda de la escalera y sosteniendo una lata de cerveza.
-No quería… interrumpirlos- dije, tratando de hacerme la víctima… cuando en realidad estaba muy furiosa y si, celosa, celosa, celosa de Ayelén.
-Jajaja… en realidad… todos preguntábamos a donde te fuiste- me respondió, tratando de aparentar que siquiera me habían visto irme.
-¿Y porqué no me lo preguntaron cuando me iba?- le repliqué.
Se quedó unos segundos pensativo…
-Veni, dale… no seas tonta… te acompaño hasta tu hotel- me dijo, cambiando de tema.
Ah, perfecto…ahora quería echarme.
-Ayelén ya se fue… y creyó que ibas a estar ahí también- me dijo… Eso me alegró mucho, me puso feliz que no hubieran seguido hablando entre ellos… como amigos de toda la vida.
Fuimos caminando hacia el hotel… (¿no podría haber llevado un auto? Mis tacos me mataban) y hablando de la vida… a la medianoche, sobre las calles de Manchester… Esa sensación de bienestar volvió a mi… porque en ese momento no había nadie para interrumpir nada… éramos Jamie y yo… sin el rubio asqueroso y sin ayelén… que por momentos me desconcertaba… ¿Estaba coqueteando con Jamie?
Llegamos a la puerta del hotel… parecíamos dos nenes chiquitos… ahí estábamos, tartamudeando de nuevo. Me dio un beso en el cachete… un abrazo… y se fue…
¿Qué? ¿Eso iba a ser todo? No podía creerlo… todos son idénticos…
Estaba realmente enojada, celosa y cansada. Cuando me dirigí hacia el ascensor, algo predecible pasó… Un cartel enorme de “Fuera De Servicio” ¿Era que Manchester se había complotado para arruinar mi día? Sin más que agregar, me retiré por las escaleras hacia mi habitación. Esas escaleras, al igual que el hotel, también dejaban mucho que desear: la mayoría de los escalones estaban en estado de putrefacción, y una tenía que andar adivinando que escalón era el correcto.
Por fin llegué. Cuando estaba por abrir la puerta… escuché la voz de dos personas, una claramente era Ayelén en estado de ebriedad y otra era la de Damon, en el mismo estado… o quizás un poco más.
-¿Así que te gustan los Rolling Stones? ¿Cuál te cabe más de los 8?- decía él… ¡Por Dios! Odio cuando la gente grande usa palabras de gente joven… ¿No saben que quedan ridículos?
-Mmm… Los 2 son muy sexies… y más porque son hermanos… pero definitivamente me quedo con Ian Brown- respondió ayelén, con una manera más o igual de incoherente que Damon…
-Jaajaja… vos sos más sexy- dijo Damon, y se produjo un silencio.
Bueno, bueno… yo no quería saber que iba a suceder… hay cosas que son mejores no escucharlas… o imaginarlas (¿) Así que opté por irme de nuevo de ese hotel… que hasta ahora, no había traído muchas cosas buenas. Después de todo, la noche era joven (aunque fueran las 3 de la mañana) y Manchester brillaba para mí… (¿)
Caminé unos minutos… para descubrir que ese barrio era realmente aburrido… o quizás lo era para una persona que no lo conocía, como yo. Con esa excusa me dirigí a la casa de Jamie, confiando que todavía estaba despierto.


Flor® (All Right Reserved)

The History. Parte 8

Me llevó hasta una puerta grande. Entró sin golpear. Y me dijo que me quedara esperando unos minutos en la puerta. Obedecí… y me quedé ahí… mirando el estudio de enfrente. Había varios empresarios, interesados en comprar los derechos de la imagen de algunos productos de la banda, o algo así parecía. Una sensación de “cable a tierra” invadió mi mente… después de todo, una banda con la que sentís una conexión natural y casi involuntaria, termina siendo una vez más, parte de la gran industria comercial.
“¿Te imaginás lo que gana Jamie?” me pregunté y respondí a mi misma, dentro de mi mente. Era demasiado obvio, que los ingresos de ese hombre alcanzaban para demoler y levantar nuevamente un Big Ben. A propósito, desde acá se veía el Big Ben… “momento… claro que no, ¿No es que está en Londres? Si, si… si está en Londres” me reformulaba una y otra vez en mis pensamientos.
Por fin Jamie sacó media mitad de su cuerpo por la puerta, me agarró de la mano, y me introdujo en aquella habitación. Para mi sorpresa se trataba de un estudio de grabación, extraño, ya que no tenía esa estructura externa tradicional de los estudios de grabación, si bien, adentro se notaba distintivamente de que se trataba.
Me llevó hacia la parte donde se mezclan y se controlan los sonidos. Ahí lo vi. Estaba sentado en una silla de madera de roble vieja, y tocando la guitarra, precisamente pude distinguir de que melodía se trataba… eran los acordes de “Feel Good Inc.” No sé porqué, pero esa canción siempre me había transmitido paz… me hacía acordar a todas esas cosas que en un punto, me daban placer. Me recordaba a Woodstock de 1969, aunque yo nunca estuve ahí realmente. Se levantó y me extendió la mano, con algo de sequedad y aires de altanería, creo que esperaba que yo bese su mano, como hacían en Europa con los antiguos reyes, o algo así. Agité su mano, tenía una fuerza increíble, obviamente se debía a todas las cosas que come… (¿)
En realidad, estaba comiendo algo precisamente, creo que era un apio… “¿Apio? No puedo creerlo… es vegetariano y aún así engorda… Aunque… ¿Es vegetariano?” reflexioné nuevamente para mis adentros.
Me miró de arriba hacia abajo, pero no con esa mirada que pone la gente cuando realmente le caes bien… sino con observando tratando de encontrar algún defecto, con esos ojos celestes-azules que siempre me pudieron… (Y que nunca se lo dije a aye, bueno más bien si, pero no precisamente con palabras (¿)) Era esa mirada que yo ya había visto anteriormente en algunas entrevistas, cuando algo no le agrada, cuando no quiere estar en ese lugar, cuando se siente incómodo o quizás, algo intimidado, era ESA mirada.
Aparentemente, Jamie ya le había hablado sobre mí, porque no preguntó quien era ni menos.
-¿Cómo estás?- me dijo, seco.
-Bien, bien- respondí, tratando de ser lo más amable posible, intentando caerle bien.
Jamie y él hablaron por unos segundos ahí, mientras yo me sentía como en una especie de “Disney World” mirando todos los gráficos y demos de gorillaz que había sobre una gran mesa.
De repente, se escucharon gritos desde la entrada.
-¿¡Cómo que no puedo entrar!? Ahhh ahora entiendo… ¿Está secuestrada verdad? ¿¡Verdad!?- decía una voz, que aparentemente parecía luchar con el Gorila de seguridad.
-Te voy a pedir que te retires… o utilizaré mis derechos de brutalidad policíaca- dijo el tipo eso, tratando de hacerse, nuevamente, esos agentes de película.
Es decir ¿De dónde sacó “Policíaca”? Él no es policía, es solamente un guardia de seguridad… y encima trabaja para MI chico… un minuto… ¿Jamie era MIO? Eso sería fantástico, si fuera MIO, ese guardia ya no estaría más ahí
-¡¡¡Esto está totalmente en contra de los derechos de la mujer!!! Ah, pero no va a quedar asi, eh… ya van a ver… ya van a ver… no pueden tenerla prisionera por siempre- decía esa voz… que reconocí de inmediato.
Salí caminando aceleradamente, para ir a buscarla. Era obvio, que se trataba de ELLA (¿) Es decir, de Ayelén… Su voz me hacía acordar mucho a la mía, era casi irritante por momentos, la mayoría de ellos cuando gritaba o se enojaba. Además, era muy feminista en ese sentido, ella era una de las personas que luchaban para que las mujeres tengan los mismo derechos que los hombres.
Llegué hasta la puerta. Ahí estaba, patoteando “haciéndose la mala”, como dirían por ahí. Me miró y dijo al gorila:
-Ahh ahh ¿Viste? ¿Viste? Yo puedo entrar acá cuando se me cante- haciéndose la altanera, cosa que no le salía muy bien.
El gorila me miró con cara de desprecio y un gesto osco, era obvio que no se bancaba que yo estuviera ahí… pero bueno, yo no estaba ahí por él… estaba por lo MIO, si es que era mio…
Una vez que ayelén entró… me sorprendió descubrir que Jamie no venía atrás mío, es más… ni siquiera había salido del estudio de grabación. Ahí es cuando entendí, ese Damon no me soportaba y Jamie, era un dominado… (¿)
Llegamos hasta el estudio de grabación, donde habían permanecido estos dos muchachos (¿). Y pasó lo que no quería que pasara, Ayelén se quedó mirándolos con una gran cara de sorprendida… Era demasiado predecible que iba a pasar eso, aunque yo no quiera… y ellos se dieron cuenta de la reacción de Ayelén… cosa que les aumentó más el ego y los aires de superioridad.


Flor® (All Right Reserved)

The History. Parte 7

Ayelén estaba en la puerta de aquel boliche, que había cerrado hace una hora. Había dejado crecer sus uñas por más de un mes, pero ahora estaban casi por llegar a la carne de sus dedos. Se movía de un lado para otro, obviamente, tratando de buscarme.
Cuando por fin me encontró, una mueca de alivio y enojo se expresó en su rostro:
-Pero… ¿sos retardada o qué?- me dijo –Me dijiste “voy a tomar aire” voy al lugar donde van a “tomar aire” y no estabas, fui al baño, a la cabina del dj… ¡¡A todos lados!!- exclamaba gritando, en el medio de la calle, haciendo que la poca gente que quedaba allí, se volteé para mirarnos.
-No me lo vas a creer- le dije, casi como si no hubiera escuchado su reto. Me sentía casi en las nubes.
-No, no… claro que no te voy a creer… pero igual me vas a decir ¿¡Qué!?- preguntó, sin salir de su estado de alteración.
-Nada, acá no se puede contar… volvamos para el hotel- la calmé, tratando de poner un poco de paz a su estado.
Llegamos a ese hotel de mala muerte. Ya en piyamas, y sentada como chinito o_O (¿) en la cama, todos esos síntomas producto de la mezcla que habian hecho en la gaseosa, desaparecieron.
-Bueno, ya está, ¿vas a contarme?- dijo ayelén, saliendo del balcón donde había estado fumando un cigarrillo, mientras miraba todas esas pequeñas construcciones arquitectónicas, que quizás algún día, había conocido por fotos.
-Si… pero prometé que vas a creerme- le dije, anticipándome a lo que vendría.
-Si… obvio- me respondió, confiada.
Terminé de contarle, me miró sorprendida y soltó una carcajada.
-Lo sabía- dije, mientras la miraba con cara de decepción.
-Jajajaja, osea… quisiera creerte… pero… vos estabas con ese efecto de “alucinógenos”. Habrá sido cualquier gato loco, y vos agarraste viaje… imaginate… jajajajaja… o peor… hablando sola jjajajaja- ella realmente parecía tentada por el momento… no paraba de reirse.
-Ahhh ¿y sabés qué? Jamie me pidió mi celular... así que estoy segura de que va a llamarme, y ahí vas a ver que es cierto- dije, casi enojada como nenita de jardín.
-Perdé cuidado… ese “Jamie” tuyo va a llamarte jajaja… aii me hiciste reir sin ganas… me voy a dormir- me dijo, se tapó con sus sábanas y se dio media vuelta.
Me acosté a dormir, yo también… Pero esta vez yo, al igual que aye, dudaba sobre la veracidad de todo lo que había ocurrido. Es cierto, yo no estaba del todo conciente y era muy extraño todo esto que estaba sucediendo… aunque a la vez, si no era cierto, una parte de mi no quería saberlo.
Así transcurrieron varios días, salidas, excursiones, charlas hasta el amanecer… y ese bendito teléfono no sonaba… Para ese tiempo, me convencí de que nada de eso había pasado y que todo era producto de mi I-MA-GI-NA-CIÓN (¿)
Finalmente, un día, mientras comíamos sentadas en las escaleras del hotel suena el celular.
Como hago de costumbre, atiendo sin leer el número.
-Hola… ¿Cómo estás tanto tiempo?- dijo una voz del otro lado… Esa voz… tan particular y reconocible.
-Ho… hola- dije, tartamudeando.
Ayelén me miró dando pie para que le diga con quién estaba hablando. Tapé por un segundo el teléfono y le dije “Es Jamie”.
-Ahhh perfecto… ¿Encima la sigue, el tipo ese?- me respondió, sin querer creerme.
Le hice una seña para que se callara, y después de un rato, corté.
-¿Y?- preguntó.
-Quiere que conozca el estudio… ¿Podés creerlo? EL ESTUDIO- dije, desesperada.
-Emmm… ¿Así que era él de encerio?- preguntó ayelén.
-Te lo juro… creéme… hoy no estoy bajo el efecto de nada- exclamé, sarcásticamente.
-Es cierto… bueno… te creo- se rindió ayelén. -¿Y a qué hora vas a ir?- dijo.
-A las 3:30- dije, mirando el reloj y comprobando que eran las 3:15 –Ay no… me voy… cuidate mucho… y no me esperes- le dije, insinuando algo con mi tono de voz.
Ayelén rió… -bueno, cuidate vos más…-

Llegué un poco retrasada, cosa que acá no tendría tanto valor pero que en Manchester, y en Inglaterra en general, era casi como un insulto… pero, después de todo, me sentí afortunada de que Jamie estuviera todavía en la puerta, con un cigarrillo en la mano. Confirmé lo que venía sospechando y lo que parecía obvio, si… era él… ayelén se equivocaba… una vez más.
Él me recibió tal y como lo harían los caballeros de Londres, me sentí afortunada de que no se haya enojado por mi retraso, es más hasta parecía no importarle la hora.
Con aires de altanería, me mostró todo el estudio. Prácticamente no había nadie, solamente un vigilante y algunos ejecutivos. Si bien hace no mucho tiempo hubiera dado todo por estar donde estaba, el hecho de quedarme en ese lugar no era relevante, sino con la persona que estaba ahí.
Finalmente, me llevó a su estudio de producción gráfica, o algo así dijo. En solo ver ese lugar, lleno de diseños pegados por todos lados, póster y pequeños muñequitos; me sentí en casa, o más bien… como en la pieza de aye.
Me acerqué hacia una mesa, que estaba iluminada por un foco de luz. Ahí había más bocetos, parecían un proyecto nuevo, o algo parecido. Él también se acercó, a mirarlos… con una sonrisa entre su boca, como si esos dibujos le transmitieran felicidad. Y es que transmitían eso, no sé si era por su combinación de colores, por su temática o las líneas que trazaba. Sentí lo que él quería transmitir con su lápiz y sus colores… Entonces… le pedí que me enseñe hacer ese diseño, tan perfecto para mis ojos.
El tomó mi mano y me guió en cada uno de los rasgos de aquel dibujo. En un momento dejo de guiarme, paralizó su mano. Lo miré, algo confusa, y pude ver que él estaba mirándome. Nos quedamos observándonos un tiempo, en silencio.
-¿Sabés? Me encanta la forma con la que hablás, como que transmitís lo que yo necesito sentir cuando dibujo- me dijo, sin quitarme los ojos de encima, porque sabía muy bien lo que iba hacer.



Flor® (All Right Reserved)

The History. Parte 6

Yo estaba algo desinhibida, raro en mi, que suelo ser muy tímida, más con una persona que no conozco, o con una persona de la talla de Jamie Hewlett.
Conocía todo sobre él, pero fingí no saber nada sobre su vida. En realidad, a esta altura, ni me acordaba como me llamaba.
Él estaba riéndose de cualquier cosa, así que supongo que tampoco tenía idea ni de la hora, ni de donde estaba, ni con quién. Hablando de un tema y de otro, y después de pedir mi número de celular (ja, allá o acá, todos los tipos son iguales), delirando juntos, me preguntó sobre mi verdadera nacionalidad, ya que en mi acento se notaba claramente que no era inglesa.
-Jajajaja, soy de Argentina, es un país alejadooooo de la civilización… estamos cerca del fin del mundo- dije, mirando para el cielo y señalándolo, en notable estado de “delirio temporal”.
Jamie se rió, como se reía cuando ÉL lo retaba, cuando hacia chiquilinadas con ÉL. Y no pude evitar mirarlo y hacer una mueca de ternura. Es que, tenía una risa demasiado tierna, como de adolescente.
-Creo que alguna vez lo visité… mmm no… ese país era Estados Unidos… a la mierda, todo es igual, después de todo- dijo, volviendo a reír. – Igualmente, yo podría viajar a ese país si quisiera, de un día a otro-
-¿Ahh si? ¿Por qué?- le pregunté.
Se acomodó en el banco y me miró fijo, como si en ese momento estuviera sobrio.
-¿Sabés quien soy?- me preguntó, con aires de soberbia.
-¿Y vos? ¿Sabés quién soy yo?- repregunté, de una manera igualmente soberbia.
-¿Siempre respondés una pregunta con otra pregunta?-
-jajaajaja ¿Y vos?- dije.
Esa conversación casi no tenia sentido… estábamos volando, como diría Liam Gallagher “en una supernova de champagne”.
-Soy Jamie Hewlett- dijo él, mirándome, como esperando una reacción de sorpresa o fanatismo.
-Ah, encantada, yo soy Florencia- le contesté, estrechándole la mano derecha y vaciando la 5 latita de cerveza con la izquierda.
Creo que él no estaba más conciente que yo, casi estaba a mi altura.
-¿De verdad no sabés quién soy?- dijo, con un tono sorprendido.
-Ajá, de verdad- respondí, volviendo a mentir por segunda vez o quizás por décima vez, en la noche.
-Eso si es atractivo- replicó.
“¿De qué mierda habla?” pensé para mi misma. Después de todo, no era uno de esos días en los que me veía atractiva: estaba borracha, mi pelo estaba arruinado por la humedad de Manchester , esa remera de aye realmente estaba sucia y además, creo que escondernos en esos arbustos de la convención, me dio pulgas.
Él se acercó a mí, como hacen en las películas. Lo vi de cerca, no… no parecía tan viejo como le decía yo a aye, ni tampoco estaba tan mal, por lo menos no le faltaba un diente como a ÉL. Es más, no se veía nada mal: era más estilizado de lo que parece, tenía unos grandes y profundos ojos azules y esos labios… unos labios finos, como los de los ingleses, pero… había algo en sus imperfecciones, que lo hacía perfecto.
Nos miramos por unos segundos, cuando por fin decidió tomar la iniciativa. Agarró mi cara con una de sus manos, con un despojo de ternura… Tal ternura como la que sentía aye cuando compartía golosinas con el chino, para Halloween.
Estábamos muy cerca el uno del otro, tanto que podía sentir su respiración. Ese era EL momento que iba a recordar para toda mi vida, tan solo eso.
Escuchamos unos pasos, así que rápidamente cambiamos de postura. Sobre la puerta se paró un rubio, alto, robusto, con una botella de cerveza en la mano. Pude reconocerlo de inmediato, era ÉL, ÉL… Por dios, no podía creerlo.
Pero no estuvo el tiempo necesario para que yo pudiera levantarme y contemplarlo, solamente miró a Jamie e hizo una seña con su mano, como avisándole que debían irse, y después se fue de ese lugar.
Me quedé mirando a Jamie, su calma no parecía inmutarse, menos por las órdenes de ÉL, que en algún punto podría decirse que era su jefe. Se volvió acomodar apoyando sus brazos en el banco, e inclinando su cabeza hacia arriba, tomó su cigarrillo y dio la última pitada, dejándolo en el pasto, que se consumiera por completo.
Se reincorporó besó mi mejilla suavemente, se levantó y se fue.
Por un momento, me volví a encontrar sola en ese lugar, como en el comienzo. Mis manos estaban sudando y mis palpitaciones de a poco subian cada vez más, pero esto ya no era efecto de ninguna droga. Me aseguré de que nadie hubiera cerca y grité, lo más que pude…


Flor® (All Right Reserved)

The History. Parte 5

Nos metimos en la cola para entrar al boliche, mientras ellos entraban. Delante nuestro había un grupo de chicos con cigarrillos en la mano, pero no cualquier tipo de cigarrillos, sino esos los que te transportan a otro mundo totalmente irreal.
Entramos, entregando las pocas libras esterlinas que nos quedaban, pero compensándolo con algunos coqueteos al guardia.
Cuando ingresamos, nos pusimos a buscarlos por todos lados. No estaban en la planta baja, ni en la cabina de disc jockey, ni en la barra. Una escalera nos conducía a ese lugar donde va la gente importante, donde ninguno de sus “seguidores” pueden ingresar, donde ellos son realmente, como cualquier otra persona.
Subimos lo más que pudimos por la escalera, pero los gorilas de seguridad, esos mismos que estaban en la camioneta, se encontraban ahí, y ya nos miraban con mala cara. Seguro que sabian nuestras intenciones.
-¿Los ves?- le pregunté a aye, simulando bailar ese tema de David Gueta que tanto odio.
-No- me contestó estirando el cuello como las jirafas.
Bajamos de nuevo las escaleras y nos sentamos en la barra. Nos dieron una gaseosa en lata (A), cortesía de la casa, y mirábamos para todos lados, con la mínima esperanza de poderlos encontrar.
-Ya me parecía bastante raro que sean ellos- dije –son personas de 40 y pico de años… ya no da que vengan a estos lugares-
-No son viejos… están en la etapa de la adultez- me dijo ella, sin dejar de mirar para todos lados, tratando de esquivar las luces fluorescentes.
-Bueno, bueno… como sea- le dije, mientras trataba de sacar todo lo posible de esa lata de gaseosa.
Aye no había tomado nada de esa gaseosa, en realidad, la amargura de no poder encontrar a ÉL y a su CAMARADA (¿) le sacó toda la sed que tenía.
De a poco, sentí que todo daba vueltas en ese lugar, y no era precisamente por las luces o los colores brillantes. Sentía ganas de bailar toda la noche, de gritar y tenía cada vez más sed. Mis ojos se iban abriendo cada vez más, de manera involuntaria y me sentía algo asustada por todos estos síntomas, pero quería más.
-¿Qué te pasa, flor?- me preguntó aye, algo preocupada por mis apariencia.
-Nada, nada (¿)- le contesté, agitando mis manos demasiado para hablar. –Voy a tomar un poco de aire- le dije.
-Te acompaño- dijo convencida.
-No, no. Son dos minutos. Ya vengo- exclamé convencida –vos quedate por acá, a ver si lo ves-
Salí afuera, ese aire fresco de la noche de Manchester hacía que aumente mi desesperación. Era un síntoma de ansiedad, como de querer escalar las paredes, algo realmente extraño. Aún esa bebida no había impactado tanto en mi para hacer que alucine, así que estaba algo conciente de lo que pasaba.
Cerré la puerta trasera por la cual salí, estaba completamente sola, lo cual me alegró, porque no quería dar explicaciones a nadie sobre mi estado.
Me senté en un banco, y tiré mi cabeza para abajo casi a la altura del piso, tanto que podía ver mi remera de Nirvana, bueno, en realidad era de Aye pero ella me la había prestado. Me sentía mareada y pronto, lanzaría esa maldita bebida para afuera.
Escuché unos pasos, así que me apresuré a ponerme en una postura un poco menos sospechosa. Un hombre de contextura delgada se acercaba hacia mí, así que pude divisar que no era uno de los gorilas de seguridad. Venía con un cigarrillo en su mano, y tarareando una canción de David Bowie mientras se movía como si estuviera arriba de un escenario.
Él también creía que no había nadie allí, es por eso que se sorprendió al verme, y más con mi mirada. Suelo ser muy asquerosa con mis gestos, y creo que ese habrá sido uno de esos momentos.
Se acercó a mí, y ahí la luz de un farol “semi-quemado” le iluminó la cara. Me quedé unos segundos mirándolo. No, no era ÉL. Pero era esa persona que de una manera u otra daba “vida” a la banda que tanto amábamos aye y yo. No podía creerlo. Me sentía, nuevamente, una blurera que estaba fantaseando. Maldije haberle dicho a aye q no me acompañe hasta afuera. De hecho, creo que si ella hubiera estado conmigo, hubiera sido diferente, por el simple hecho que yo no estaba en mis cabales, estaba sufriendo esos “efectos” que hacian que no fuera realmente yo, sino otra persona.
-Este patio no es para cualquier persona- me dijo, mirándome fijo, con cara de padre dictador.
Si no fuera mi “Otro yo” en ese momento, seguramente habría dicho un “Jamie Hewlett te amo, sos un genio” pero realmente, no se me antojaba -).
-Es un patio, no tiene ningún cartel de “VIP”- le dije, seca y algo eufórica. –pero, no quiero problemas… ya me iba-
Me paré y empecé a caminar. Creo que en ese momento, mezclado con los efectos de la droga, la emoción de conocerlo y mi malestar, hubiera vomitado casi todo. Para no pasar vergüenza, más de la que venía pasando hasta ahora desde que llegué a Manchester, decidí irme.
-Pará, ¿te gusta nirvana?- preguntó, mientras me iba.
-Si… bastante- mentí. -¿A vos?- pregunté, como si fuera que no lo conocía.
-Algo…- dijo. -¿Querés una cerveza?- me preguntó, sosteniendo una latita de Brama. Justo la marca que no me gusta.
-No… yo estoy bien así- dije, algo tímida.
-Es solamente una cerveza- insistió.
-Bueno, pero solo una- le contesté, tratando de poner algo de límite.
Hacia frío, estaba completamente drogada y encima, a punto de emborracharme con Jamie Hewlett. Por un momento pensé en aye, pero ese momento, se desvaneció rápidamente.


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