Yo estaba algo desinhibida, raro en mi, que suelo ser muy tímida, más con una persona que no conozco, o con una persona de la talla de Jamie Hewlett.
Conocía todo sobre él, pero fingí no saber nada sobre su vida. En realidad, a esta altura, ni me acordaba como me llamaba.
Él estaba riéndose de cualquier cosa, así que supongo que tampoco tenía idea ni de la hora, ni de donde estaba, ni con quién. Hablando de un tema y de otro, y después de pedir mi número de celular (ja, allá o acá, todos los tipos son iguales), delirando juntos, me preguntó sobre mi verdadera nacionalidad, ya que en mi acento se notaba claramente que no era inglesa.
-Jajajaja, soy de Argentina, es un país alejadooooo de la civilización… estamos cerca del fin del mundo- dije, mirando para el cielo y señalándolo, en notable estado de “delirio temporal”.
Jamie se rió, como se reía cuando ÉL lo retaba, cuando hacia chiquilinadas con ÉL. Y no pude evitar mirarlo y hacer una mueca de ternura. Es que, tenía una risa demasiado tierna, como de adolescente.
-Creo que alguna vez lo visité… mmm no… ese país era Estados Unidos… a la mierda, todo es igual, después de todo- dijo, volviendo a reír. – Igualmente, yo podría viajar a ese país si quisiera, de un día a otro-
-¿Ahh si? ¿Por qué?- le pregunté.
Se acomodó en el banco y me miró fijo, como si en ese momento estuviera sobrio.
-¿Sabés quien soy?- me preguntó, con aires de soberbia.
-¿Y vos? ¿Sabés quién soy yo?- repregunté, de una manera igualmente soberbia.
-¿Siempre respondés una pregunta con otra pregunta?-
-jajaajaja ¿Y vos?- dije.
Esa conversación casi no tenia sentido… estábamos volando, como diría Liam Gallagher “en una supernova de champagne”.
-Soy Jamie Hewlett- dijo él, mirándome, como esperando una reacción de sorpresa o fanatismo.
-Ah, encantada, yo soy Florencia- le contesté, estrechándole la mano derecha y vaciando la 5 latita de cerveza con la izquierda.
Creo que él no estaba más conciente que yo, casi estaba a mi altura.
-¿De verdad no sabés quién soy?- dijo, con un tono sorprendido.
-Ajá, de verdad- respondí, volviendo a mentir por segunda vez o quizás por décima vez, en la noche.
-Eso si es atractivo- replicó.
“¿De qué mierda habla?” pensé para mi misma. Después de todo, no era uno de esos días en los que me veía atractiva: estaba borracha, mi pelo estaba arruinado por la humedad de Manchester , esa remera de aye realmente estaba sucia y además, creo que escondernos en esos arbustos de la convención, me dio pulgas.
Él se acercó a mí, como hacen en las películas. Lo vi de cerca, no… no parecía tan viejo como le decía yo a aye, ni tampoco estaba tan mal, por lo menos no le faltaba un diente como a ÉL. Es más, no se veía nada mal: era más estilizado de lo que parece, tenía unos grandes y profundos ojos azules y esos labios… unos labios finos, como los de los ingleses, pero… había algo en sus imperfecciones, que lo hacía perfecto.
Nos miramos por unos segundos, cuando por fin decidió tomar la iniciativa. Agarró mi cara con una de sus manos, con un despojo de ternura… Tal ternura como la que sentía aye cuando compartía golosinas con el chino, para Halloween.
Estábamos muy cerca el uno del otro, tanto que podía sentir su respiración. Ese era EL momento que iba a recordar para toda mi vida, tan solo eso.
Escuchamos unos pasos, así que rápidamente cambiamos de postura. Sobre la puerta se paró un rubio, alto, robusto, con una botella de cerveza en la mano. Pude reconocerlo de inmediato, era ÉL, ÉL… Por dios, no podía creerlo.
Pero no estuvo el tiempo necesario para que yo pudiera levantarme y contemplarlo, solamente miró a Jamie e hizo una seña con su mano, como avisándole que debían irse, y después se fue de ese lugar.
Me quedé mirando a Jamie, su calma no parecía inmutarse, menos por las órdenes de ÉL, que en algún punto podría decirse que era su jefe. Se volvió acomodar apoyando sus brazos en el banco, e inclinando su cabeza hacia arriba, tomó su cigarrillo y dio la última pitada, dejándolo en el pasto, que se consumiera por completo.
Se reincorporó besó mi mejilla suavemente, se levantó y se fue.
Por un momento, me volví a encontrar sola en ese lugar, como en el comienzo. Mis manos estaban sudando y mis palpitaciones de a poco subian cada vez más, pero esto ya no era efecto de ninguna droga. Me aseguré de que nadie hubiera cerca y grité, lo más que pude…
Flor® (All Right Reserved)
sábado, 12 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario