sábado, 12 de diciembre de 2009

The History. Parte 5

Nos metimos en la cola para entrar al boliche, mientras ellos entraban. Delante nuestro había un grupo de chicos con cigarrillos en la mano, pero no cualquier tipo de cigarrillos, sino esos los que te transportan a otro mundo totalmente irreal.
Entramos, entregando las pocas libras esterlinas que nos quedaban, pero compensándolo con algunos coqueteos al guardia.
Cuando ingresamos, nos pusimos a buscarlos por todos lados. No estaban en la planta baja, ni en la cabina de disc jockey, ni en la barra. Una escalera nos conducía a ese lugar donde va la gente importante, donde ninguno de sus “seguidores” pueden ingresar, donde ellos son realmente, como cualquier otra persona.
Subimos lo más que pudimos por la escalera, pero los gorilas de seguridad, esos mismos que estaban en la camioneta, se encontraban ahí, y ya nos miraban con mala cara. Seguro que sabian nuestras intenciones.
-¿Los ves?- le pregunté a aye, simulando bailar ese tema de David Gueta que tanto odio.
-No- me contestó estirando el cuello como las jirafas.
Bajamos de nuevo las escaleras y nos sentamos en la barra. Nos dieron una gaseosa en lata (A), cortesía de la casa, y mirábamos para todos lados, con la mínima esperanza de poderlos encontrar.
-Ya me parecía bastante raro que sean ellos- dije –son personas de 40 y pico de años… ya no da que vengan a estos lugares-
-No son viejos… están en la etapa de la adultez- me dijo ella, sin dejar de mirar para todos lados, tratando de esquivar las luces fluorescentes.
-Bueno, bueno… como sea- le dije, mientras trataba de sacar todo lo posible de esa lata de gaseosa.
Aye no había tomado nada de esa gaseosa, en realidad, la amargura de no poder encontrar a ÉL y a su CAMARADA (¿) le sacó toda la sed que tenía.
De a poco, sentí que todo daba vueltas en ese lugar, y no era precisamente por las luces o los colores brillantes. Sentía ganas de bailar toda la noche, de gritar y tenía cada vez más sed. Mis ojos se iban abriendo cada vez más, de manera involuntaria y me sentía algo asustada por todos estos síntomas, pero quería más.
-¿Qué te pasa, flor?- me preguntó aye, algo preocupada por mis apariencia.
-Nada, nada (¿)- le contesté, agitando mis manos demasiado para hablar. –Voy a tomar un poco de aire- le dije.
-Te acompaño- dijo convencida.
-No, no. Son dos minutos. Ya vengo- exclamé convencida –vos quedate por acá, a ver si lo ves-
Salí afuera, ese aire fresco de la noche de Manchester hacía que aumente mi desesperación. Era un síntoma de ansiedad, como de querer escalar las paredes, algo realmente extraño. Aún esa bebida no había impactado tanto en mi para hacer que alucine, así que estaba algo conciente de lo que pasaba.
Cerré la puerta trasera por la cual salí, estaba completamente sola, lo cual me alegró, porque no quería dar explicaciones a nadie sobre mi estado.
Me senté en un banco, y tiré mi cabeza para abajo casi a la altura del piso, tanto que podía ver mi remera de Nirvana, bueno, en realidad era de Aye pero ella me la había prestado. Me sentía mareada y pronto, lanzaría esa maldita bebida para afuera.
Escuché unos pasos, así que me apresuré a ponerme en una postura un poco menos sospechosa. Un hombre de contextura delgada se acercaba hacia mí, así que pude divisar que no era uno de los gorilas de seguridad. Venía con un cigarrillo en su mano, y tarareando una canción de David Bowie mientras se movía como si estuviera arriba de un escenario.
Él también creía que no había nadie allí, es por eso que se sorprendió al verme, y más con mi mirada. Suelo ser muy asquerosa con mis gestos, y creo que ese habrá sido uno de esos momentos.
Se acercó a mí, y ahí la luz de un farol “semi-quemado” le iluminó la cara. Me quedé unos segundos mirándolo. No, no era ÉL. Pero era esa persona que de una manera u otra daba “vida” a la banda que tanto amábamos aye y yo. No podía creerlo. Me sentía, nuevamente, una blurera que estaba fantaseando. Maldije haberle dicho a aye q no me acompañe hasta afuera. De hecho, creo que si ella hubiera estado conmigo, hubiera sido diferente, por el simple hecho que yo no estaba en mis cabales, estaba sufriendo esos “efectos” que hacian que no fuera realmente yo, sino otra persona.
-Este patio no es para cualquier persona- me dijo, mirándome fijo, con cara de padre dictador.
Si no fuera mi “Otro yo” en ese momento, seguramente habría dicho un “Jamie Hewlett te amo, sos un genio” pero realmente, no se me antojaba -).
-Es un patio, no tiene ningún cartel de “VIP”- le dije, seca y algo eufórica. –pero, no quiero problemas… ya me iba-
Me paré y empecé a caminar. Creo que en ese momento, mezclado con los efectos de la droga, la emoción de conocerlo y mi malestar, hubiera vomitado casi todo. Para no pasar vergüenza, más de la que venía pasando hasta ahora desde que llegué a Manchester, decidí irme.
-Pará, ¿te gusta nirvana?- preguntó, mientras me iba.
-Si… bastante- mentí. -¿A vos?- pregunté, como si fuera que no lo conocía.
-Algo…- dijo. -¿Querés una cerveza?- me preguntó, sosteniendo una latita de Brama. Justo la marca que no me gusta.
-No… yo estoy bien así- dije, algo tímida.
-Es solamente una cerveza- insistió.
-Bueno, pero solo una- le contesté, tratando de poner algo de límite.
Hacia frío, estaba completamente drogada y encima, a punto de emborracharme con Jamie Hewlett. Por un momento pensé en aye, pero ese momento, se desvaneció rápidamente.


Flor® (All Right Reserved)

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