sábado, 12 de diciembre de 2009

The History. Parte 7

Ayelén estaba en la puerta de aquel boliche, que había cerrado hace una hora. Había dejado crecer sus uñas por más de un mes, pero ahora estaban casi por llegar a la carne de sus dedos. Se movía de un lado para otro, obviamente, tratando de buscarme.
Cuando por fin me encontró, una mueca de alivio y enojo se expresó en su rostro:
-Pero… ¿sos retardada o qué?- me dijo –Me dijiste “voy a tomar aire” voy al lugar donde van a “tomar aire” y no estabas, fui al baño, a la cabina del dj… ¡¡A todos lados!!- exclamaba gritando, en el medio de la calle, haciendo que la poca gente que quedaba allí, se volteé para mirarnos.
-No me lo vas a creer- le dije, casi como si no hubiera escuchado su reto. Me sentía casi en las nubes.
-No, no… claro que no te voy a creer… pero igual me vas a decir ¿¡Qué!?- preguntó, sin salir de su estado de alteración.
-Nada, acá no se puede contar… volvamos para el hotel- la calmé, tratando de poner un poco de paz a su estado.
Llegamos a ese hotel de mala muerte. Ya en piyamas, y sentada como chinito o_O (¿) en la cama, todos esos síntomas producto de la mezcla que habian hecho en la gaseosa, desaparecieron.
-Bueno, ya está, ¿vas a contarme?- dijo ayelén, saliendo del balcón donde había estado fumando un cigarrillo, mientras miraba todas esas pequeñas construcciones arquitectónicas, que quizás algún día, había conocido por fotos.
-Si… pero prometé que vas a creerme- le dije, anticipándome a lo que vendría.
-Si… obvio- me respondió, confiada.
Terminé de contarle, me miró sorprendida y soltó una carcajada.
-Lo sabía- dije, mientras la miraba con cara de decepción.
-Jajajaja, osea… quisiera creerte… pero… vos estabas con ese efecto de “alucinógenos”. Habrá sido cualquier gato loco, y vos agarraste viaje… imaginate… jajajajaja… o peor… hablando sola jjajajaja- ella realmente parecía tentada por el momento… no paraba de reirse.
-Ahhh ¿y sabés qué? Jamie me pidió mi celular... así que estoy segura de que va a llamarme, y ahí vas a ver que es cierto- dije, casi enojada como nenita de jardín.
-Perdé cuidado… ese “Jamie” tuyo va a llamarte jajaja… aii me hiciste reir sin ganas… me voy a dormir- me dijo, se tapó con sus sábanas y se dio media vuelta.
Me acosté a dormir, yo también… Pero esta vez yo, al igual que aye, dudaba sobre la veracidad de todo lo que había ocurrido. Es cierto, yo no estaba del todo conciente y era muy extraño todo esto que estaba sucediendo… aunque a la vez, si no era cierto, una parte de mi no quería saberlo.
Así transcurrieron varios días, salidas, excursiones, charlas hasta el amanecer… y ese bendito teléfono no sonaba… Para ese tiempo, me convencí de que nada de eso había pasado y que todo era producto de mi I-MA-GI-NA-CIÓN (¿)
Finalmente, un día, mientras comíamos sentadas en las escaleras del hotel suena el celular.
Como hago de costumbre, atiendo sin leer el número.
-Hola… ¿Cómo estás tanto tiempo?- dijo una voz del otro lado… Esa voz… tan particular y reconocible.
-Ho… hola- dije, tartamudeando.
Ayelén me miró dando pie para que le diga con quién estaba hablando. Tapé por un segundo el teléfono y le dije “Es Jamie”.
-Ahhh perfecto… ¿Encima la sigue, el tipo ese?- me respondió, sin querer creerme.
Le hice una seña para que se callara, y después de un rato, corté.
-¿Y?- preguntó.
-Quiere que conozca el estudio… ¿Podés creerlo? EL ESTUDIO- dije, desesperada.
-Emmm… ¿Así que era él de encerio?- preguntó ayelén.
-Te lo juro… creéme… hoy no estoy bajo el efecto de nada- exclamé, sarcásticamente.
-Es cierto… bueno… te creo- se rindió ayelén. -¿Y a qué hora vas a ir?- dijo.
-A las 3:30- dije, mirando el reloj y comprobando que eran las 3:15 –Ay no… me voy… cuidate mucho… y no me esperes- le dije, insinuando algo con mi tono de voz.
Ayelén rió… -bueno, cuidate vos más…-

Llegué un poco retrasada, cosa que acá no tendría tanto valor pero que en Manchester, y en Inglaterra en general, era casi como un insulto… pero, después de todo, me sentí afortunada de que Jamie estuviera todavía en la puerta, con un cigarrillo en la mano. Confirmé lo que venía sospechando y lo que parecía obvio, si… era él… ayelén se equivocaba… una vez más.
Él me recibió tal y como lo harían los caballeros de Londres, me sentí afortunada de que no se haya enojado por mi retraso, es más hasta parecía no importarle la hora.
Con aires de altanería, me mostró todo el estudio. Prácticamente no había nadie, solamente un vigilante y algunos ejecutivos. Si bien hace no mucho tiempo hubiera dado todo por estar donde estaba, el hecho de quedarme en ese lugar no era relevante, sino con la persona que estaba ahí.
Finalmente, me llevó a su estudio de producción gráfica, o algo así dijo. En solo ver ese lugar, lleno de diseños pegados por todos lados, póster y pequeños muñequitos; me sentí en casa, o más bien… como en la pieza de aye.
Me acerqué hacia una mesa, que estaba iluminada por un foco de luz. Ahí había más bocetos, parecían un proyecto nuevo, o algo parecido. Él también se acercó, a mirarlos… con una sonrisa entre su boca, como si esos dibujos le transmitieran felicidad. Y es que transmitían eso, no sé si era por su combinación de colores, por su temática o las líneas que trazaba. Sentí lo que él quería transmitir con su lápiz y sus colores… Entonces… le pedí que me enseñe hacer ese diseño, tan perfecto para mis ojos.
El tomó mi mano y me guió en cada uno de los rasgos de aquel dibujo. En un momento dejo de guiarme, paralizó su mano. Lo miré, algo confusa, y pude ver que él estaba mirándome. Nos quedamos observándonos un tiempo, en silencio.
-¿Sabés? Me encanta la forma con la que hablás, como que transmitís lo que yo necesito sentir cuando dibujo- me dijo, sin quitarme los ojos de encima, porque sabía muy bien lo que iba hacer.



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